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Ciudad de México.- La reciente decisión de Petróleos Mexicanos (Pemex) de cancelar el envío de petróleo programado para enero de 2026 con destino a Cuba ha vuelto a encender el debate sobre la política energética y exterior de México, así como sobre la falta de transparencia en el manejo de los recursos públicos. Aunque la empresa productiva del Estado no ha emitido una explicación oficial, la eliminación del cargamento de su calendario logístico apunta a un giro relevante en una relación que se había intensificado en los últimos años .
De acuerdo con reportes internacionales, la cancelación ocurre en un contexto de creciente presión del gobierno de Estados Unidos, que ha manifestado su inconformidad por los envíos de crudo mexicano a la isla, sobre todo tras la caída del suministro venezolano. México se había convertido en uno de los principales proveedores energéticos de Cuba, lo que colocó a Pemex en una posición incómoda frente a posibles represalias comerciales o diplomáticas .
El problema central no es únicamente la suspensión de un cargamento, sino la opacidad que ha rodeado estos envíos. Durante 2025, Pemex exportó petróleo y combustibles a Cuba por montos estimados en miles de millones de pesos, sin que se hayan hecho públicos los contratos, las condiciones de pago ni los beneficios directos para la empresa y, por ende, para el erario mexicano. Organismos civiles y especialistas han cuestionado si se trata de operaciones comerciales regulares o de un apoyo político disfrazado de intercambio energético .
Desde el discurso oficial, el gobierno mexicano ha defendido los envíos como parte de una política exterior soberana y de cooperación, argumentando incluso razones humanitarias. Sin embargo, la cancelación repentina del envío de enero contradice la narrativa de continuidad y deja entrever que las decisiones no se toman únicamente bajo criterios técnicos o solidarios, sino también bajo el peso de intereses y presiones externas .
Este episodio abre preguntas incómodas pero necesarias: ¿quién decide realmente el destino del petróleo mexicano?, ¿cuánto le cuesta a Pemex sostener acuerdos poco claros?, y ¿por qué la información clave se conoce solo a través de filtraciones y medios extranjeros? En un momento crítico para las finanzas de Pemex, marcada por deudas históricas y baja producción, cada barril cuenta.
La cancelación del envío a Cuba no es solo un ajuste logístico; es un síntoma de una política energética ambigua, atrapada entre la lealtad ideológica, la presión internacional y la falta de rendición de cuentas. Mientras no haya claridad, el costo político y económico seguirá recayendo en la ciudadanía, que continúa sin respuestas claras sobre el uso de uno de los recursos estratégicos del país.






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